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Oacalco, municipio de Yautepec, Morelos.

 

La palabra Oacalco proviene del vocablo náhuatl Coacalco que quiere decir “casa de la serpiente”, Oacalco es un asentamiento semi urbanizado de 2,499 habitantes (COESPO, estado de Morelos 2006) que pertenece al municipio de Yautepec, localizado en el norte del estado de Morelos. Antiguamente, en esta localidad la explotación cañera solía ser la actividad principal, sin embargo en las dos últimas décadas la comunidad de Oacalco ha experimentado una fuerte transformación económica que ha repercutido en las ocupaciones y en el estilo de vida de las familias que la habitan. Por ejemplo, en el pasado sus habitantes hablaban el náhuatl, lengua que ahora se ha perdido por completo, pero que se sigue hablando en algunos pueblos del municipio y del estado.

  

                           Oacalco está situado en medio de vastas extensiones cañeras, milpas, cultivos de hortalizas y algunos viveros de flores y plantas de ornato, en un pequeño valle muy fértil y con abundante agua entre las comunidades de Tepoztlán y Yautepec, más grandes en extensión y población. La región cuenta con una gran cantidad de manantiales y fuentes de agua, lo cual le proporciona un gran atractivo y lo hace ideal para el desarrollo de centros turísticos como los de Cuautla, Oaxtepec y Cocoyoc, todos muy cercanos a Oacalco. Este poblado se encuentra dentro de la ruta de los conventos agustinos y dominicos del siglo XVI que comprende Cuernavaca, Tepoztlán, Yautepec, Tlayacapan, Oaxtepec, Ocuituco, Yecapixtla, Atlatlahucan y Tétela del Volcán, entre otros.

Actualmente Oacalco se encuentra a medio camino en una transición que va de la vida y el modo de subsistencia campesino a una economía basada principalmente en el sector comercial y de servicios, transformación que ha sido alentada en una gran medida por la creciente emigración, la urbanización y la constante llegada a la región de familias acomodadas que dejan las ciudades buscando la “tranquilidad del campo”. El crecimiento demográfico y económico de Oacalco se ha debido, principalmente, al cada vez más frecuente fraccionamiento de sus terrenos para la construcción de zonas residenciales y fincas de fin de semana de la gente adinerada de Cuernavaca y el Distrito Federal. En consecuencia a esto, desde hace más de una década, las familias de Oacalco han comenzado a abandonar paulatinamente el cultivo de la tierra para abrir un pequeño negocio o un comercio (en gran parte gracias a la ayuda del dinero que envían los familiares que están en los Estados Unidos), o bien para venderla a compañías inmobiliarias.

 

                           Podemos afirmar entonces que el cultivo de la tierra ha quedado en su mayor parte a cargo de las familias migrantes que, desde hace más de quince años llegan a la región buscando empleos y mejores condiciones de vida. Entre éstas, las más numerosas pertenecen a las etnias mixtecas (de la montaña de Guerrero), tlapaneca, nahua (de puebla) y otomí.

El único documento histórico-etnográfico que ha sido elaborado sobre la comunidad de Oacalco es la Memoria histórica de los ex obreros del ingenio de Oacalco, investigación coordinada por Humberto Rayón (1995). En ella se relata que en el año de 1923 se inicio la construcción del ingenio azucarero que habría de darle un fuerte auge económico no sólo a ésta comunidad, sino a toda la región. Testimonios de obreros que trabajaban al momento de su inauguración narran que antes de existiera, Oacalco no era más que una “una hacienda muerta”. Cuando en 1923 una casa de préstamo perteneciente al Estado dio inicio a la construcción del ingenio, decenas de familias de los alrededores comenzaron a trasladarse a Oacalco a vivir y solicitar empleo. Al principio, los obreros y sus familias vivían en pequeñas chozas al interior del ingenio pero con los años fueron llegando cada vez más trabajadores, atraídos por la posibilidad de empleo y las necesidades que había dejado la revolución y poco a poco la comunidad fue creciendo, siempre alrededor del ingenio cañero (Rayón 1995:13-14).

 

                          Humberto Rayón (1995:15-16) relata que los inicios del ingenio, Oacalco se encontraba rodeado solamente de cañaverales y campos de huizache, y que la casa más lejana se encontraba a tan sólo 200 metros de distancia del ingenio: “en sus inicios no era más que un ranchito”, apunta el autor. En ese tiempo las familias debían trasladarse en mula a Yautepec o a Cuautla para comprar alimentos y provisiones. Rayón apunta que en ese entonces toda la gente que vivía en Oacalco provenía de otras regiones del centro del país (la mayoría de Toluca) y que en realidad no había gente propiamente del lugar

 

                           La historia de la comunidad de Oacalco ha estado siempre íntimamente ligada a la de su Ingenio cañero. Aun hoy que éste se encuentra abandonado y mantiene sus puertas cerradas desde hace mas de dos décadas, su presencia y su antiguo esplendor no dejan de sentirse en la comunidad. El que ahora es un silencioso y semi- abandonado casco de ingenio es lo primero que cualquier visitante ve al llegar a Oacalco. Sus enormes chimeneas, inspiradoras de varias leyendas locales, se distinguen incluso desde las afueras del pueblo.

En el año de 1989, el ingenio cerró sus puertas y desde 1924 (un año después de su apertura) hasta el día de su clausura se hizo una zafra al año de manera ininterrumpida. El periodo de zafra duraba seis meses, de diciembre a mayo o junio, seguido por otro lapso de tiempo de seis meses durante el cual se le daba mantenimiento general a la maquinaria y las instalaciones (Rayón 1995:20). Con el cierre del ingenio que durante sesenta y seis años había sido el motor de la economía regional, cientos de trabajadores y decenas de familia se encontraron sin una fuente de ingresos y paralelo a esto, poco a poco se fue generando un proceso de pérdida de la identidad (Concheiro et al. 2000:3) comunal y regional.

 

                           Son varias las causas que mencionan para explicar el cierre del ingenio, entre ellas están la mala administración, el robo de material por parte de los propios trabajadores (que llevó a la empresa a trabajar en números rojos) o de un “cierre preparado por el gobierno” (Rayón 1995: 38-40). Humberto Rayón hace mención de esto último para referirse a que precisamente en el momento en que el ingenio estaba por cerrar, se instaló una casa de ahorro en Yautepec, que ofrecía pagar a sus ahorradores el 10 % de interés mensual del total de sus inversiones. Según el autor, esto llevó a los trabajadores del ingenio a firmar su finiquito a cambio del pago de su indemnización (Rayón 1995:40), sin protestar ni considerar las consecuencias de su decisión.

                           Según relato por algunas personas de Oacalco, la misma empresa que era dueña de la casa de ahorro abrió también una oficina de empleo, un pequeño “casino” y un equipo de futbol, generando con esto varios empleos que beneficiaron a la comunidad y revitalizando por un par de años la economía de Yautepec. Sin embargo la compañía y su dueño desaparecieron poco tiempo después y toda la gente que había invertido su dinero se quedo si un centavo. Muchas personas invirtieron sus ahorros para la jubilación, otros incluso vendieron coches y propiedades para invertir su dinero en el banco y beneficiarse de los altos intereses. Todos ellos fueron defraudados y hasta la fecha no han recibido una indemnización.

                             Fue a raíz del cierre del ingenio y del fraude ya mencionado que Oacalco se vio en la necesidad de sumarse de manera abrupta al flujo migratorio hacia los Estados Unidos.

“Vivimos años de mucha depresión y carestía, todo mundo debía dinero y los intereses ya no eran pagables, no había más que pensar: vámonos a los Estados Unidos [sic]. (Rayón 1995:40).

Fue así como la gente, al principio hombres adultos y despues con mayor frecuencia jóvenes y mujeres, empezaron a migrar al vecino país. Para la gran mayoría, vivir del campo ya no era una alternativa viable, quizá porque estaban acostumbrados a trabajar en el ingenio y recibir un sueldo, o porque el hecho de volver a la vida campesina para ellos representaba un “retroceso”. Con el paso de los años los primeros migrantes empezaron a mandar dinero a Oacalco y con esto el pueblo vivió su segunda gran transformaciòn, pasó de ser un pueblo campesino e industrial a un pueblo netamente comercial (Rayon 1995:41). Fue precisamente en este periodo que Oacalco comenzó a experimentar la llegada de los primenros migrantes mixtecos provenientes del Estado de Guerrero.

 

                         Fue así que, mientras la gente originaria de Oacalco y la región de Yautepec migraba a los Estados Unidos abandonando sus tierras porque ya no veían otra alternativa para subsistir, los indigenas mixtecos llegaban para emplearse como jornaleros agrícolas o para subarrendar estas mismas tierras y, de este modo, se mantuvieron productivas. Lo que para unos ya no ofrecía ninguna posibilidad de subsistencia, para otros se convirtió en la esperanza de una mejor vida. Las familias mixtecas, que en su gran mayoría siguen sin poder comprar las tierras que cultivan, cada año rentan las parcelas de Oacalco para poder subsistir y han abandonado a su vez los campos de cultivo en sus comunidades de origen. Esta relación migrante indigena-migrante internacional que se establece a partir del arrendamiento de las fèrtiles parcelas de Oacalco se ha mantenido ya durante más de catorce años y ha resultado ser bastante beneficiosa para la gente de Oacalco, aunque no lo ha sido tanto para la gran mayoría de las familias mixtecas.

 

                 Tal y como propone Concheiro[1] (2000), el cierre del ingenio de Oacalco y las subsecuentes transformaciones que esto provocò en la comunidad y en la región, es un fenomeno que debe ser entendido dentro de un marco mucho más amplio donde entran en juego diversos factores como son las politicas neoliberales, las dinámicas de derechos territoriales y agrarios, las leyes de mercado de tierras y diversos programas de ajuste estructural y de estabilización económica. Sin embargo lo importante es destacar que el cierre del ingenio de Oacalco trajo como consecuencia por una parte la pérdidad de una economía regional estable y, por otra, la pérdida de una identidad que más adelante habría de verse claramente reflejada en el incremento de las ventas y el arrendamiento de tierras (Concheiro, 2000).

                           En Oacalco, la quiebra del ingenio coincidió con la presión urbana e industrial que se ejerció sobre la región; el resultado fue una considerable venta de tierras y, en cierta medida, la pérdida de capacidad de reproducción de las familias campesinas por sí mismas y de la comunidad en su conjunto (Concheiro et al. 2000:5). Esto se debió principalmente a la preeminencia de la lógica de mercado sobre la lógica campesina (Concheiro et al. 2000:12). Dicha lógica fue desplegada por las élites que buscaban y buscan todavía ganancias fáciles a corto plazo y, desde luego, fue alentada por el interés de actores externos a la comunidad, como son las constructoras y las compañías inmobiliarias.

                            Esta compraventa y arrendamiento de tierras por parte de actores externos a la comunidad ha producido una importante pérdida de territorialidad para la propia comunidad de Oacalco, que ha perdido el control del espacio físico necesario para su reproducción social. Esto es un hecho que se ve claramente reflejado en la creciente migración, interna e internacional de gran parte de los jóvenes que actualmente han perdido acceso a la tierra (como lo ha señalado Concheiro et al 2000:14) para otras características similares a las de Oacalco y que la vez se hallan cada vez más alejados de la vida campesina y rural. y ello se ve claramente reflejado en la creciente migración nacional e internacional, de gran parte de los jóvenes que actualmente han perdido acceso a la tierra.

                           El creciente y muy lucrativo mercado de tierras para la construcción de fincas de lujo y fraccionamientos costosos ha encontrado en Oacalco, y en general en todo el municipio de Yautepec un excelente exponente. Estos terrenos son sumamente atractivos porque son fértiles y cuentan con abundante agua, sin embargo, su venta han provocado la fragmentación ejidal y la división injusta de los recursos, además de una grave escasez de tierras para cultivo y, por consiguiente, una fuerte alza en los precios de arrendamientos de las parcelas. Todo esto afectó y sigue afectando a todas las familias de la comunidad de Oacalco, trayendo con ello una dinámica social en la población muy diferente y diversa a lo que era antes del cierre del ingenio, en el aspecto económico; ahora los ingresos de las familias, son por los envíos de dinero de los familiares que emigraron hacia los Estados Unidos, por el producto del comercio local y en el caso de las familias mixtecas por las actividades en las parcelas de cultivo (Oacalco, Morelos. La migración mixteca: capitulo 2).

 

http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lac/glockner_f_v/capitulo2.pdf

 



[1] Concheiro Bórquez, Elvira. El Gran Acuerdo. Gobierno y empresa­rios en la modernización salinista. México, UNAM, IIIE-ERA, 1996.